Todo se acabó
Imagen generada vía Gemini
Se hizo un silencio extraño. Cesó todo el barullo de la batalla. El sonido de la derrota.
El enemigo tomó nuestras primeras líneas y los que aún respirábamos, al menos los que estábamos allí y no enfrente por haber tenido la mala suerte de que aquel maldito 18 de julio nos pillase donde nos pilló y no en otro sitio. Aunque intuyo que nuestra suerte no hubiera sido mucho mejor.
Hubo uno que aún nos arengaba a seguir disparando. Hasta «que no quede ni un solo fascista en pie». Era el comisario político. No pudo terminar su discurso. Una bala le atravesó la sien, pero no llegó desde nuestros captores. No fui yo, hace años que odio más a este maldito máuser que a ese hijo de la gran puta.
Me disponía a poner las manos sobre la cabeza y entregarme. Hagan lo que hagan con nosotros los sublevados, no puede ser peor que lo que llevamos vividos todo este tiempo. O quizá sí pero a estas alturas me da igual. Hemos podido despertar de esta pesadilla, aunque bien sé que estamos a punto de empezar otra.
Tres compañeros a mi izquierda veo caer un fúsil que destilaba aún una brizna de humo. Sin duda ha terminado de disparar después del resto. Ya sé quién es. Cuando acabe todo esto le tengo que convidar a una copa de vino.