El ojo de Astarthé
Imagen generada vía Le Chat (Mistral AI)
…Aterricé junto al Giraldillo tras horas patrullando la ciudad. Mi primera patrulla y había resultado un fracaso. De todos modos, todavía no sé qué estaba haciendo. Aquí ya operan superhéroes como Umbrío, por ejemplo. Aunque siempre pensé que un tío de un aspecto tan tétrico es más apropiado para una ciudad como Gotham que para Sevilla. No sé cómo mi madre y él pudieron formar un dúo de justicieros tan famoso en aquella época.
Lo mejor sería volver a casa, o eso pensé. Estaba reventada de volar de aquí para allá durante horas buscando no sé qué. Hacía años que no lo hacía, desde que mi madre me mostró quien era y empezó a entrenarme para usar nuestros poderes. Ella soñaba que yo continuase con la tradición familiar hasta que falleció por culpa de este trabajo y aunque siempre quiso que yo continuara su misión, siempre me he negado a ponerme el antifaz. Hasta ahora.
Despegué con la mente puesta en la cama y en quitarme este estúpido disfraz que mamá se ponía para atizar a los malos. A ella le parecía un uniforme digno de su lucha contra el crimen, a mí, un trapo que no me pondría ni para ir a la playa. Cuando me lo probé esta mañana me recordé a mí misma a una de esas modelos de revistas sugerentes, pero en aquella época era común que las súpers vistiesen así. En fin, hasta que acabe todo este asunto y pueda volver a mi vida tendré que resignarme con lucir así.
Nada más salir de la torre vi una luz extraña justo al otro lado de la avenida, así que bajé inmediatamente para comprobar que podría ser. Con la prisa y mi falta de práctica casi me llevo por delante una papelera, pero lo que allí vi no podía ser más extraño.
Junto al viejo muro del edificio de Correos se estaba formando una especie de tornado de luz muy extraña, de una tonalidad oscura, por el que salió nada menos que Aracné Vermella, la dama del Maresme, una conocida supervillana y ladrona internacional con su brillante traje-gabardina rojo y su sombrero de ala ancha que apenas dejaba ver su antifaz negro, tocado por su característica pluma negra, que era su marca personal. Pero lo importante era lo que llevaba en la mano, nada menos que El Ojo de Astarthé, de donde emanaba la extraña luz que había formado aquel torbellino. Aunque no me apeteciera, debía recuperarlo y acabar con todo este asunto de una vez.
— Vaya — exclamó al verme con su marcado acento — . Parece que el carnaval se adelanta este año, aunque no sé si sabes que ese disfraz pasó de moda hace una década.
— Tampoco tú vas a la última moda, guapa — respondí desafiante — . ¿También te has apuntado a la moda vintage?
— Puede ser — remarcó en un tono que me pareció entre irónico y burlón —. No sé si eres una chica muy lista o una completa idiota que quiere imitar a otra idiota muerta.
— Quizá esta «idiota» — le respondí furiosa — , te sorprenda metiéndote en chirona y devolviendo esa joya al museo al que pertenece.
— ¡Je! Hace diez años la Fulgor original quiso sorprenderme y la liquidé fácilmente, ¿por qué crees que no acabaré con una triste imitación?
Lo que acababa de decir me dejó petrificada. ¡¿Esa tipa era la asesina de mi madre?! Por muchos años que pasen no he podido quitarme de la cabeza la imagen de mamá llegando malherida a casa. Yo tenía sólo 14 años y sólo dos años antes me descubrió su secreto y empezó a instruirme.
Yo sólo era una niña. Esa noche entró por la ventana del desván y cayó de rodillas mientras se quitó la capucha de su traje. Nunca olvidaré su expresión de dolor. Me abalancé sobre ella y me abrazó, me dio un último beso; me dijo lo orgullosa que estaba de mí y me pidió que la ayudase a cambiarse de ropa para que nadie descubriese de su identidad secreta. La lección número uno siempre fue que mantener ese secreto era la máxima prioridad para mantener a salvo a los que quieres.
Incluso mantuve el secreto a papá, que sigue sin saber quién era realmente la mujer de la que sigue enamorado y se refugió en largas ausencias en su trabajo para sobrellevar la pérdida.
…
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