Un viaje que estuve a punto de no hacer
Imagen generada vía Grok
Sólo me quedan un par de horas de vida. Pasado este tiempo, me llevarán de esta lúgubre mazmorra al cadalso donde finalizará mi terrena existencia.
Apenas 60 años. No es demasiado para un hobbit, aunque supongo que al trasgo que comparte mi destino no le parecerá lo mismo.
Hace años que abandoné la vieja Comarca buscando aventuras que superen las de Bilbo y Frodo de ingrata memoria, y a punto estuve de lograrlo. Y pensar que este fue un viaje que estuve a punto de no hacer. Quizá hoy no sería maldecido por miles de personas de toda clase, condición y especie. Pero, desde luego, no sería alguien memorable.
A los hobbits siempre se nos relegó a un papel menor. En parte por la proverbial indolencia de mi gente, en parte porque hasta ahora nadie había tomado en serio a una sociedad de «bajitos inanes» que eso éramos para el resto de habitantes de la Tierra Media. Pero, gracias a mí, ese maldito estereotipo ha cambiado para siempre.
Hoy será un día histórico. A partir de hoy la Tierra Media recordará al hobbit que estuvo a punto de restaurar el poder de su legítimo señor, Sauron.
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